La bicicleta es un acto político

Fotografía: Nicolás Monteverde

“Cada mañana la ciudad caótica nos interpela a todos como ciudadanos y ciudadanas, porque de una manera u otra todos somos responsables. La ciudad caótica, Lima la horrible, es resultado de la indiferencia.”

No es necesario ser un empedernido de la observación participante para darse cuenta de que Lima es una ciudad caótica. Una ciudad violenta, contaminada e improvisada. Este caos se expresa  de manera brutalmente evidente en el sistema de transporte. En el que la violencia, la contaminación y la carencia de planificación confluyen para causar estragos en nuestra ciudad.

Aunque en el Perú la inseguridad ciudadana se encuentre en el imaginario popular como la prioridad a atender (debido a la nada despreciable cifra de 2000 muertes anuales) cada año fallecen 3000 personas por falta de seguridad vial en el país [1]. Es decir, que un ladrón puede repetirle orgulloso al conductor de un automóvil, combi o mototaxi el aforismo de la política peruana: “nosotros matamos menos”.

Si bien la contaminación más fácil de percibir es la cantidad de desperdicios desparramados en las calles de nuestra ciudad, debemos tomar en consideración otros factores, como la contaminación del aire y el ruido. Siguiendo estos lineamientos, la OMS identifica a Lima como la segunda capital más contaminada de América Latina, principalmente producto del parque automotor. [2]

Es parte de la memoria colectiva la imagen del “Ícaro” [3] y el manoseado intento del sistema integrado de transporte (SIT) de la Municipalidad de Lima, que pretende solucionar la improvisación e informalidad del transporte en Lima. La raíz de este asunto se encuentra en la neo-liberalización del transporte y la desregulación de tarifas, rutas, importación de vehículos usados y otros procesos administrativos [4]. [Hay una excelente línea de tiempo aquí]

Todos los días somos testigos del diagnóstico antes realizado. Cada mañana nos enfrentamos a la ciudad caótica. Y cada mañana la ciudad caótica nos interpela a todos como ciudadanos y ciudadanas, porque de una manera u otra todos somos responsables. La ciudad caótica, ‘Lima la horrible’, es resultado de la indiferencia. Por tanto, todos tenemos un rol en la armonización de la ciudad, y ese rol es salir de la indiferencia.

¿Abandonar la indiferencia tiene algún impacto sobre las 3000 muertes anuales? Esta impresionante cifra, se traduce en 8 muertes diarias debido a accidentes de tránsito, cuya causa principal es el exceso de velocidad y la imprudencia del conductor. [5] Los analistas coinciden en la necesidad de voluntad política para atender esta emergencia. Pero la voluntad está ausente.

La voluntad política que se necesita es sencilla y de gran impacto en la sociedad. Debemos cambiar de perspectiva del transporte a la movilidad, priorizando la ciudadanía por encima del automóvil. Si bien no podemos reconstruir la ciudad, estamos a tiempo para rediseñar nuestro sistema de transporte bajo tres ejes: Integralidad, Sostenibilidad e Intermodalidad.

La integralidad hace referencia a la necesidad de planificar en conjunto, a nivel interinstitucional y con coherencia entre los gobiernos locales. La sostenibilidad hace alusión al uso recatado de recursos (tiempo, dinero, hidrocarburos) reduciendo la externalidades negativas de movilizarse a diario. La intermodalidad parte de tomar en consideración que el sistema debe promover medios de transporte alternativos y por tanto, debe vincular el transporte público, las autopistas, la red de ciclovías y los paseos peatonales.

Como resultado, se cambia un sistema de transporte violento, contaminante e improvisado por un Sistema de Movilidad Integral, Sostenible e Intermodal, con consecuencias positivas para la ciudad, como la disminución de accidentes de tránsito, la reducción de emisiones contaminantes y la recuperación del espacio público con visión de largo plazo.

Pero pese al esfuerzo de algunas municipalidades, la voluntad política brilla por su ausencia.

En medio de este caos e indiferencia gubernamental que se replica en casi todas las ciudades del tercer mundo, un fantasma recorre Latinoamérica. En medio del ruido, la contaminación y la violencia, un fantasma silencioso e impertérrito recorre las ciudades. La sociedad civil decide dejar de ser indiferente frente a un sistema de transporte colapsado. Frente a una ciudad que como un cuerpo ulcerado necesita urgente acción frente a la dramática situación en que se encuentra su sistema de transporte. La ciudad nos interpela a todos y todas, y mientras la ley siga favoreciendo la nefasta situación del transporte y por tanto de la ciudad, no habrá mayor acto de insubordinación que tomar una bicicleta y apostar por una ciudad sostenible, limpia y democrática a golpe de pedal.

Esta es la apuesta de Actibícimo, que desde hace 8 años lucha por la movilidad sostenible como cimiento de una Lima – Ciudad Sostenible. El jueves 1 de febrero se realizó la Bicifiesta Limeña, la celebración anual de los y las ciclistas. Al igual que el primer jueves de cada mes, nos encontramos en el Parque Kennedy en Miraflores a las 8:30pm, más información en Facebook.

¡Insubordinémonos ante el automóvil!

 

[1] “Los peruanos mueren más por los accidentes de tránsito que por la inseguridad ciudadana”, Audrey Cordova Rampant, agosto 2017.

[2] Lima es la segunda capital más contaminada de América Latina, mayo 2016.

[3] Martha Hildebrandt: El significado de “Ícaro”: “autobús de dos módulos articulados, para el transporte público urbano, con paraderos fijos y parte de recorrido en vía rápida”.

[4] El origen del desorden en las pistas, Ana Bazo Reisman- Cronología del Caos.

[5] Ocho peruanos mueren cada día en accidentes de tránsito, Rocío Romero Benites, Agosto 2017.

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