¿Cuál es tu excusa para no andar en bicicleta?

Desde que empecé a andar en bicicleta por las calles de Lima demoro 20 minutos en llegar al trabajo, el mismo tiempo que antes perdía esperando el micro. Los primeros comentarios que recibí cuando comencé a poner en práctica mi nueva manera de desplazarme por la ciudad, vinieron de parte de personas que están acostumbradas a movilizarse en automóvil. Me advirtieron, eso sí, con las mejores intenciones, que tuviera cuidado y no me “expusiera” demasiado.

Aunque parezca lógico pensar que el ciclista es el que corre más riesgo en la pista, la realidad dice otra cosa: en 2013 hubo 9,681 atropellos en Lima, de los cuales solo 264 involucraron a ciclistas, según el informe de la organización Lima Cómo Vamos.

En mi recorrido diario hacia el trabajo utilizo la ciclovía de la Av. Salaverry. De las 62 rutas que hay en Lima y el Callao es la que se encuentra en mejor estado: si bien no hay baches ni autos estacionados a mitad de camino, los cruces suelen transformarse en un problema porque los autos, mientras esperan la luz verde del semáforo, bloquean el paso y no permiten circular libremente a los que andamos pedaleando.

En Lima, las rutas para ciclistas tienen un fin recreacional y no están pensadas como medio de transporte. El ciclista urbano recorre diariamente una distancia promedio de 5 kilómetros, pero dado que las ciclovías no están interconectadas entre sí, durante una gran parte del trayecto debemos conducir pegado a un costado de la pista. En teoría, la ley de tránsito le otorga al ciclista un espacio en la vía como a cualquier otro vehículo, pero en la práctica el ciclista urbano es invisible.
Casco, timbre, reflectores, luces, además de algunas recomendaciones básicas —como no avanzar en contra del tránsito o evitar esconderse del campo visual de los autos— pueden ser de ayuda al momento de compartir la ruta junto a conductores que nos ignoran y creen ser dueños de la vía, aunque también hay peatones despistados que se atraviesan en la pista cuando uno menos lo espera.

La imagen idealizada del ciclista apacible y distraído que avanza por las calles de Ámsterdam –donde el 40% de los ciudadanos se moviliza en dos ruedas– no tiene nada que ver con el ciclista urbano promedio en Lima. En esta ciudad el ciclista pedalea sabiendo que su seguridad no depende solo de sí mismo.

En agosto del año pasado, en cuatro días dos ciclistas perdieron la vida: Gustavo López Mejía, embestido por una camioneta en la Costa Verde y Martín Lozano Curo, arrollado por un bus del transporte público en San Juan de Miraflores. Tres meses antes, Heber Maldonado y Gladys Pareja corrieron la misma suerte: fueron arrollados por un vehículo mientras se dirigían en bicicleta hacia sus respectivos trabajos. Hubo que esperar la muerte de cuatro ciclistas para abrir nuevamente el debate acerca de la ciudad que queremos.

A LA MEDIDA DEL AUTOMÓVIL

En Lima, el 71.4% de sus habitantes utiliza el transporte público y se moviliza a pie, pero basta salir a la calle para comprobar que además de construir ciclovías sin recorridos articulados se construyen pistas sin veredas, veredas sin rampas, o semáforos que apenas duran 7 segundos para el cruce del peatón, como ocurre en la ciclovía de Av. Arequipa.

Por eso, no resulta extraño que no más de 100 mil peruanos usen la bicicleta para ir a trabajar o a estudiar. En una ciudad en que los autos son primero, andar en bicicleta es una decisión —y también un riesgo. Mientras tanto, las autoridades piensan que la única manera de reducir la congestión del tráfico en la pista es construyendo nuevos carriles. El by-pass de 28 de julio (que no significa una solución al problema del tráfico, como explica Alexandra Ames en esta columna), el intercambio vial en el óvalo el Naranjal y en la Panamericana Sur con la avenida Benavides, la construcción de los túneles San Martín y Santa Rosa en San Juan de Lurigancho, las obras de ampliación en la Costa Verde, solo consiguen priorizar el auto privado, cuando apenas un 16% de los hogares peruanos posee uno.

Pero que haya pocos ciclistas en la ciudad no se debe exclusivamente a una pésima infraestructura, o a una mala gestión del transporte público, o al desorden del tránsito al que ya estamos acostumbrados. Lima presenta condiciones ideales para movilizarse en bicicleta: es plana, no tiene desniveles y llueve muy poco. Y en el 23.4% de los hogares limeños hay una bicicleta, pero están en desuso, o muchas veces oxidadas.

Las ventajas de andar en bicicleta son numerosas: en hora punta, puedes ser el doble de rápido que un auto. Tomas atajos, atraviesas parques, bajas escaleras, trazas la ruta que tú quieres, te ahorras el tiempo de buscar estacionamiento y echar gasolina. No gastas en pasaje ni en revisiones anuales. No contaminas, te enfermas menos, y quemas calorías. Y dejando de lado las malas costumbres de algunos conductores que hay que pasar por alto para seguir pedaleando feliz, andar en bicicleta es la mejor manera de movilizarse en la ciudad.

Por Esteban Bigotes
Periodista

Comment

There is no comment on this post. Be the first one.

Leave a comment