Incluir, incentivar e invertir en movilidad sostenible en las ciudades es posible, urgente y necesario

Los accidentes de transporte en nuestro país, son la principal causa de muerte violenta. Todos los días mueren aproximadamente siete personas por esta causa, cinco de ellas en zonas urbanas (MTC, 2016). Resulta urgente plantear una movilidad que asegure y respete la vida, una vida en dignidad.

Repensar la movilidad es un acto de justicia social en las ciudades. En el caso de Lima Metropolitana, el transporte es considerado por la ciudadanía como el segundo problema más grave de la ciudad, después de la inseguridad ciudadana (Lima Cómo Vamos, 2015). Además, alrededor de 80% de la población considera que este factor les resta calidad de vida y les genera bastante o mucho estrés (UP, 2016). Esta última encuesta también muestra que el tiempo promedio de traslado es de 99 minutos. Resulta necesario renovar nuestra visión de ciudad desde la movilidad sostenible, integrada, segura e inclusiva.

Nuestro país se encuentra en los últimos lugares de América Latina en lo que se refiere a la inclusión de sistemas de transporte intermodal en las ciudades. No solo no se integra la intermodalidad, sino que además no se la incentiva. Nuestro actual Reglamento de Tránsito menciona a medios de movilidad urbana como las bicicletas pero no la incluye en el sistema de transporte urbano. En otros países de América Latina, como Ecuador, Chile, Argentina, Brasil y Colombia, el reglamento de tránsito regula el uso de la bicicleta en el sentido de seguridad y normas (reglas que se debe cumplir) al ser un medio de transporte urbano. En éstos países, la bicicleta es reconocida e incluida como parte del sistema de transporte público, incentivando y facilitando el adecuado estacionamiento (en algunos países con mayor avance que otros), facilitando la movilidad de la bicicleta en los buses públicos (sistemas de carga frontal, por ejemplo) e incentivando el uso, como el caso de Colombia donde hay incentivos positivos (mediante la Ley de la Bicicleta) para “premiar” el uso de la bicicleta en el sector público con media jornada laboral libre por cada 30 días yendo en bicicleta al trabajo, o con un pasaje gratis en el metro por cada 5 viajes intermodales. ¿Es posible imaginar un transporte urbano que reconozca positivamente e incentive la movilidad sostenible?

Involucrarnos en cómo se están desarrollando nuestras ciudades y democratizar la calle es un ejercicio pleno de nuestra ciudadanía. Todos salimos a las calles, los niños,los jóvenes, las mujeres, los adultos mayores, y no es posible pensarlo bajo riesgo. La movilidad sostenible no solo apunta a ser inclusiva e integrada; sino también a impactar positivamente en el ambiente. Lima es la segunda peor ciudad en Latinoamérica en calidad de aire (OMS, 2016). Desde las políticas públicas es necesario plantear que la infraestructura en nuestras ciudades y calles consideren infraestructura “verde” o baja en CO2. El transporte es el segundo principal causante de emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país, después de la deforestación (o “conversión de bosques y pasturas” en la jerga oficial) (MINAM, 2016). La movilidad sostenible nos beneficia también en ese aspecto, permitiéndonos reducir nuestras emisiones causantes del cambio climático y cumplir en parte con los compromisos asumidos por el Perú en el marco del Acuerdo de París.

Las y los ciclistas urbanos queremos un sistema de transporte urbano que nos integre a la ciudad en intermodalidad, en infraestructura y que incentive la movilidad sostenible: la caminata, el uso de la bicicleta, la inclusión de personas con movilidad reducida, las actividades económicas que utilizan las bicicletas y, por supuesto, el sistema de transporte público masivo. Un sistema de movilidad urbana que cuide nuestra vida y respete nuestra diversidad de ser y desplazarnos en la ciudad.

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