Pensar la ciudad desde la bicicleta

En Actibícimo celebramos que la toma de conciencia sobre la situación caótica de la ciudad ha generado un primer paso en el cambio de paradigma urbano, que ya se ve reflejado en el paisaje de nuestra ciudad. Este paso, después de 100 meses de trabajo, es nuestro punto de partida.

 

En nuestro imaginario, Lima es una ciudad caótica. En la realidad también. Sin embargo, se empieza a respirar aires de esperanza en la ciudad.

La toma de conciencia
Lima es una ciudad caótica: violenta, contaminada e improvisada. Todos los días experimentamos este caos al movilizarnos. Y todos los días el caos nos interpela. Ante esta situación, cada vez son más las y los ciudadanos que dejan de ser indiferentes ante la ciudad, que a pesar de la falta de voluntad política deciden tomar acciones por sí mismos. La ciudadanía, en un contexto en que la apolítica es una falsa virtud, decide actuar y hacer política. Porque subirse a una bicicleta todas las mañanas para ir a trabajar o estudiar es renunciar a un sistema de transporte colapsado que el gobierno no atiende correctamente e implantar la movilidad sostenible como alternativa. De este modo se ratifica el derecho a la ciudad; esto es, nuestro derecho como ciudadanía a rediseñar las ciudades pensando en nuestro bienestar.

El cambio de paradigma

El cambio de paradigma urbano repercute en tres niveles: la interacción entre las personas, la interacción con los recursos y la interacción con la infraestructura urbana.

Reemplazar la dependencia del automóvil privado para desplazarse, por el ciclismo urbano permite romper las barreras que nos aíslan e individualizan para generar lazos de co-ciudadanía. Las personas, al despojarse de carrocerías se impregnan de espíritu de cuerpo con las otras personas que también apuestan por la movilidad sostenible. De este modo, se cambia la lógica de competencia entre quienes “meten carro antes” por la cooperación entre quienes se saben vulnerables.

Del mismo modo, el cambio de paradigma repercute en la interacción que tenemos con los recursos. Optar por la movilidad sostenible es renunciar a un modelo extractivista deficiente, que crea una ciudad tendencialista debido a una visión de corto plazo del uso de recursos y del diseño de ciudad. En su lugar, el nuevo paradigma se basa en la sostenibilidad, que hace eficiente el uso de recursos, como combustibles, dinero, tiempo, y reduce el impacto de la mochila ecológica de la producción de cada vehículo.

El cambio de paradigma urbano, también repercute en la interacción con la ciudad y su infraestructura. Esto se traduce en un cambio de la lógica de autopistas, bypasses y vías expresas, que veneran la velocidad, aíslan a las personas y generan inseguridad, condenando a la ciudad a un círculo vicioso de caos y malestar. En su lugar, apostamos por una ciudad que priorice las calles, los parques y las ciclovías, que revalore el espacio público y genere lazos de barrio y seguridad, encauzando a la ciudad a un círculo virtuoso del bienestar.

El paisaje urbano
Finalmente, la toma de conciencia de la ciudadanía funciona como engranaje motor para vencer la inercia del engranaje del cambio de paradigma. La relación de transmisión es correcta y se empieza a reflejar en nuestro paisaje urbano.

Los ciclistas empiezan a ser aceptados como actores “nuevos” en las vías públicas, impulsando a la ciudadanía a la intermodalidad (el uso de varios modos de movilidad). Asimismo, el potencial del ciclismo para articular la ciudad (bajo costo, demanda poco espacio y es útil donde no hay transporte público), nos invita a replantear la necesidad de un enfoque integrador del sistema de movilidad. Esto, junto a la reducción de emisiones, ruido y violencia, así como mejoras a la salud, persuade a la población de optar por un sistema sostenible. De este modo llegamos a los pilares de la movilidad sostenible: intermodalidad, integralidad y sostenibilidad.

Por todo esto, en Actibícimo celebramos que luego de 100 meses de convocar a la ciudadanía a movilizarse sosteniblemente, junto a varios otros colectivos ciclistas, hemos logrado romper la inercia del cambio de modelo urbano y que hoy en Lima se empiece a respirar aires de esperanza para la movilidad. Hoy en Lima se puede pensar la ciudad desde la bicicleta.
Los nuevos desafíos son aún más grandes, por ejemplo, establecer la normativa que facilite la transformación de la ciudad, pero no solo debemos orientarnos a un nuevo modelo de movilidad y del espacio público, sino a un nuevo modelo de ciudad orientado a la convivencia y la inclusión para aumentar la calidad de vida de los y las ciudadanas.

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